👑✨ EL ANILLO DEL REY
Cuento para aprender a vivir en equilibrio, en lo bueno y en lo malo
Cuentan las antiguas crónicas de un reino no muy lejano que, en una época de relativa calma, un sabio y querido monarca convocó a los eruditos más prestigiosos de su corte. Quería encomendarles una misión especial, no una batalla ni una decisión política, sino algo mucho más profundo.
—He mandado hacer un anillo hermoso, con un diamante tallado por uno de los mejores orfebres del reino —dijo el rey—. Pero no es un anillo cualquiera. Quiero que lleve grabado, escondido bajo el diamante, un mensaje que me ayude en los momentos más oscuros, cuando no encuentre salida, cuando todo parezca perdido.
—Debe ser un mensaje breve —añadió—, tan corto que quepa debajo de una piedra preciosa, pero tan sabio que pueda guiarme a mí, a mis hijos, y a los hijos de mis hijos, durante generaciones.
Los sabios se miraron entre sí. Eran expertos en filosofía, conocían las escrituras antiguas, habían escrito libros enteros sobre la vida, el alma, el destino… pero un mensaje así, tan corto, tan profundo y tan poderoso… era todo un desafío.
Buscaron durante días, revisaron textos sagrados, consultaron a filósofos y leyeron a los antiguos. Pero no hallaron nada que cumpliera con el deseo del rey.
Un día, el monarca, algo frustrado, recordó a un viejo sirviente que había sido parte de su vida desde que era niño. Aquel hombre, ya de avanzada edad, había servido también a su padre, y aunque no tenía estudios formales, era considerado un sabio por su experiencia y corazón noble.
—Majestad —le dijo el anciano cuando fue llamado—, no soy un sabio de biblioteca, pero puede que tenga el mensaje que buscáis.
—¿Cómo es posible?, preguntó el rey sorprendido.
—Hace muchos años, un maestro muy especial visitó el palacio. Era un invitado de vuestro padre. Antes de partir, me ofreció un consejo, un regalo… Un mensaje que he guardado con cariño desde entonces.
El anciano sacó un pequeño trozo de papel, lo dobló cuidadosamente y se lo entregó al rey:
—Guardadlo dentro del anillo. No lo leáis ahora. Solo abridlo cuando todo parezca perdido, cuando no veáis salida.
El rey aceptó el consejo.
Pasaron los años… y como suele suceder, la vida no tardó en ponerle a prueba. Su reino fue invadido, sus tierras arrasadas, y él tuvo que huir, perseguido por el enemigo. Cabalgó durante días hasta llegar a un desfiladero. Frente a él, un abismo profundo; detrás, sus enemigos. No había salida.
Fue entonces cuando, con el corazón encogido y sin esperanza, recordó el anillo. Lo abrió. Sacó el papel. Y leyó:
«Esto también pasará.»
El tiempo pareció detenerse. Aquellas tres palabras, tan simples, tan humildes… le devolvieron la calma. El rey respiró profundamente. Y en ese momento, el silencio llenó el valle. Los enemigos habían desaparecido. Quizás se perdieron en el bosque, quizás abandonaron la persecución. Lo cierto es que estaba a salvo.
El rey volvió a guardar el papel, reconquistó su reino con determinación, y con el paso del tiempo, llegó el día de la victoria. Hubo festejos, música, alegría. La ciudad entera celebraba su regreso triunfal. El rey sonreía, rodeado de aplausos y vítores.
Entonces, el viejo sirviente, que seguía a su lado, se le acercó y le susurró:
—Majestad… ha llegado el momento de volver a leer el mensaje.
—¿Ahora? —preguntó el rey—. ¡Pero si estamos en un momento de gloria!
—Precisamente por eso. Ese mensaje no es solo para los tiempos difíciles. Es también para los momentos de euforia. Para no perderse en el orgullo. Para recordar la verdad más profunda.
El rey obedeció, abrió el anillo y volvió a leer:
«Esto también pasará.»
Y entonces, en medio del bullicio, el rey sintió otra vez el mismo silencio. Esa paz que sólo llega cuando el ego se desvanece y uno se reconecta con lo esencial. Comprendió que tanto la tristeza como la alegría son pasajeras. Que ni la derrota es eterna, ni lo es la victoria.
El anciano le dijo con voz suave:
—Majestad, recuerda siempre: todo pasa. Ni el dolor más profundo, ni el éxito más rotundo permanecen para siempre. La vida es un vaivén. Un fluir constante. Acepta los cambios, mantén la calma en la tormenta y la humildad en la cima. Eso es sabiduría. Eso es equilibrio.
🌀 Reflexión final:
La vida está en constante movimiento. A veces toca perder, otras veces ganar. Lo importante es no perderse en ninguno de los dos extremos. Porque, al final, esto también pasará.


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