
Reiki y cáncer: un espacio de calma más allá del tratamiento médico
Cuando la palabra “cáncer” aparece en la vida de alguien, nada vuelve a fluir igual. Cirugías, quimioterapia, radioterapia, revisiones… El cuerpo soporta una carga enorme y la mente oscila entre la esperanza y el agotamiento. En ese camino, cada vez más personas buscan un apoyo complementario: algo que no sustituya a la medicina, pero que ofrezca un rincón amable para el cuerpo y la mente. El Reiki es una de esas opciones.
¿Qué es el Reiki?
El Reiki es una terapia energética de origen japonés, creada por Mikao Usui a principios del siglo XX. Su nombre se compone de dos palabras: “rei” (espiritual, universal) y “ki” (energía vital). Desde esta perspectiva, cuando la energía del cuerpo se desequilibra o se bloquea, surgen el malestar y la enfermedad. El practicante de Reiki actúa como “canal”: coloca las manos suavemente sobre el cuerpo o ligeramente por encima de él, guiando la energía hacia donde se necesita, para favorecer de forma gentil el retorno al equilibrio.
Es importante señalar que el Reiki no es una religión. No exige ninguna creencia concreta; se entiende más bien como una práctica de relajación y autosanación. Para alguien que atraviesa un tratamiento oncológico, esto importa: puede acompañar sin añadir peso ni dogmas.
Qué dice la investigación: dolor, ansiedad, fatiga y náuseas
En los últimos años, la investigación sobre el Reiki en el cuidado oncológico ha acumulado evidencias alentadoras.
Un estudio publicado en 2024 evaluó un programa de Reiki en centros de infusión de dos hospitales universitarios, con pacientes que recibían quimioterapia. En 392 sesiones, 268 pacientes reportaron mejoras clínicamente significativas en dolor, fatiga, ansiedad, náuseas y sensación general de bienestar tras sesiones de apenas 15 a 20 minutos. Es decir, para quienes pasan largas horas en la silla de infusión, unos minutos de Reiki pueden hacer que el momento sea menos duro.
Otra investigación aleatorizada publicada en 2025 examinó el efecto del Reiki sobre el dolor, la ansiedad y el estrés en pacientes con cáncer. Se compararon tres grupos: Reiki, Reiki placebo y ejercicios de relajación progresiva. Los resultados mostraron que el grupo de Reiki tuvo la mayor mejora en dolor y ansiedad, y los niveles de estrés más bajos en el seguimiento a tres meses. Los autores concluyeron que el Reiki puede recomendarse como intervención complementaria para mejorar estos síntomas.
En pacientes con cáncer de mama, una revisión sistemática coincide: la práctica del Reiki “puede ayudar a reducir la fatiga, mejorar la comodidad general y la sensación de bienestar”, con efectos positivos sobre la calidad de vida y el estado psicológico.
Por qué el Reiki merece un lugar en el cuidado oncológico
El tratamiento del cáncer viene acompañado de efectos secundarios agotadores: dolor, náuseas, ansiedad, insomnio, fatiga. Estos síntomas no solo afectan al cuerpo, también desgastan la voluntad. Y aquí radica el valor del Reiki: es suave y no invasivo.
No requiere fármacos adicionales, no sobrecarga el hígado ni los riñones y no tiene interacciones conocidas con la quimio o la radio. Para un cuerpo que ya ha recibido demasiadas intervenciones médicas, el Reiki ofrece una “resta”: no añade más, sino que acompaña con delicadeza, dando al cuerpo la oportunidad de activar su propia capacidad de regulación desde la relajación.
Una participante comentó: “Aprender Reiki significó mucho para mí. Durante mi recuperación tras la quimio y la radio no tenía fuerzas, apenas podía levantarme de la cama. La doctora Beverly me hizo Reiki y por primera vez en meses pude ponerme de pie.” Relatos así aparecen con frecuencia en los comentarios cualitativos de los estudios: los pacientes hablan de “relajación”, “calma”, “por fin poder respirar”.
Las sesiones de Reiki Macías: un espacio de acompañamiento
En este contexto, espacios como Reiki Macías ofrecen precisamente eso: un acompañamiento holístico que combina equilibrio energético, bienestar y crecimiento personal. Su enfoque parte de la imposición de manos como un “bálsamo sutil pero poderoso”, donde la energía vital universal fluye para desbloquear lo que pesa, equilibrar lo que duele y llenar de paz y bienestar profundo.
Para alguien que atraviesa un proceso oncológico, esta propuesta encaja en esa necesidad de un espacio propio, sin juicios ni prisas, donde el cuerpo y la mente puedan simplemente ser por un rato. Las sesiones de Reiki Macías se ofrecen tanto de forma presencial como a distancia, atendiendo clientes a nivel internacional. Y aunque cada persona responde de manera distinta, la práctica se orienta hacia la armonización del individuo en su globalidad, buscando la causa de los males y no solo el alivio superficial.
Es importante recordar que, como toda práctica de Reiki, las sesiones de Reiki Macías no sustituyen ningún tratamiento médico. Su lugar es el del acompañamiento complementario: aliviar síntomas, serenar emociones, ofrecer un rato de calma en medio del torbellino.
Qué lugar ocupa dentro del cuidado integral
Hay que decirlo con claridad: el Reiki no cura el cáncer ni debe sustituir ningún tratamiento médico convencional. Es una práctica complementaria; su lugar es el de “apoyo”, no el de “terapia”. En el panorama completo del cuidado oncológico, la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia o las terapias dirigidas son las intervenciones médicas centrales. El Reiki aporta otro nivel de sostén: aliviar síntomas, serenar emociones y ayudar a mantener cierta estabilidad interior durante el proceso.
Como subrayaba el propio Usui, el núcleo de esta práctica es el “cultivo del corazón”, y la sanación física se considera una consecuencia natural. Para una persona con cáncer, esto significa que el Reiki puede ofrecer, sin la presión de “tener que curarse”, un tiempo propio y un trato amable.
Cómo probarlo de forma segura
Si tú o alguien a quien quieres está considerando probar el Reiki, conviene tener en cuenta algunos puntos:
Comunícalo a tu equipo médico. Sigue el tratamiento indicado por tus médicos. Si tienes dudas, habla con tu oncólogo o tu equipo de enfermería. Algunas guías recomiendan consultar al médico antes de recibir Reiki durante la quimioterapia, para descartar posibles efectos sobre el metabolismo de los fármacos.
Elige practicantes formados. Para alguien en tratamiento oncológico, es más prudente elegir a alguien con experiencia con pacientes con cáncer y que comprenda los límites y precauciones del contexto médico.
Sin expectativas. Cada persona siente el Reiki de forma distinta. Algunos perciben calor, relajación; otros, solo calma; y algunos no notan nada especial. Todo eso es normal. No hace falta “sentirlo” para que sea útil: muchas veces, el descanso que el cuerpo encuentra al relajarse ya es un apoyo valioso.
En el camino del cáncer, la medicina se ocupa de atacar la enfermedad; el Reiki puede hacer otra cosa: en las tardes de espera de resultados, en las largas horas de infusión, en las noches de insomnio, ofrecer un rincón donde el cuerpo y la mente puedan descansar por un momento. No hace ruido, no promete milagros: simplemente está ahí, como una mano cálida, acompañando un tramo de un camino que exige mucho valor.
Que encuentres, en cualquier circunstancia, tu propia calma.


